las manos orientando el huerto hacia el cielo bajo el nieto del parrón de la infancia que construye una cueva verde donde los recuerdos pueden aparecer sin temor
a resguardo al fin de las trizaduras del alma.
Se dijo: de aquí no me muevo hasta que la justicia venga por mí
a entregarme lo acordado
lo entregado de más
lo postergado
lo obliterado
costeando apenas los costos de embarque de lo perdido.