domingo, 28 de septiembre de 2014

Foucault Rosa

Imagino cosas: imagino por ejemplo que es verdad que me encuentras la más linda de todas, lo imagino sólo porque me lo dices cada dos días, esta cabecita loca no sabe distinguir...Imagino que me amas, no sólo porque me lo dices sino que se me pasa por la cabeza, es algo que dentro de mi creatividad aparece con cada beso, con cada abrazo, cada cucharita y cada "te amo" que susurras en mi oído...Pero eso no es todo: imagino cuando me dices que vivamos juntos hasta que seamos viejitos en una parcela llena de fiesta y niños, cuál va a ser el color del pasto, cómo va a ser el pastel de choclo que haga en ese horno de barro, las botellas y copas del bar, hasta imagino el olor del jazmín mezclado con la parra y la flor de la pluma en la soleada terraza de los asados eternos...Imagino tantas cosas que mi nutrida mente fabrica...no contenta con eso, hago relaciones espúreas, llego a imaginar que si me dices que soy tu compañera, debieras contarme a dónde vas a ir para tus vacaciones, que para tu cumpleaños vas a querer que esté contigo...Encima me paso rollos, no sé porqué no entiendo que el que no me cuentes que saliste a comer con tu ex es porque no tiene importancia, no justo al revés que es lo que me da por imaginar...he llegado a pensar que si ella se entera de todos tus decisiones antes que yo, es porque tu lealtad está en esa casa y o en este suburbio, esta cabecita loca...Pero no te vayas a preocupar, lejos de ser esta una fatalidad es mi mayor ventaja: ahora sólo debo imaginar que los intelectuales franceses tienen razón: lo imaginario, lo simbólico y lo real van por separado, y en realidad las palabras, no son lo mismo que las cosas.

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